La Zona Invisible

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Existen cuatro areas de nuestra vida en las que vivimos contantemente, pero pocas veces nos hacemos conscientes de ellas.

1) El área Social, que es la forma en la que nos desenvolvemos constantemente en nuestras vidas, la que mostramos socialmente en el trabajo, y en la sociedad en la que vivimos. Es la imagen que tienen de nosotros las personas con las que interactuamos

2) El área Privada; en la que actuamos de una manera íntima con nuestra pareja, nuestra familia y nuestros seres queridos. Esta área es conocida por unos pocos y que nos permite generar relaciones verdaderas a largo plazo, ya que nos mostramos tal como somos.

3) El área Personal: donde nos mostramos a nosotros mismos con nuestras preferencias, lo que nos gusta hacer, nuestros sueños y nuestras creencias sobre nosotros mismos y la percepción que tenemos de los demás.

4) El área Desconocida: es como una caja negra donde radica el inconsciente y que nos lleva a actuar de forma sorprendente sin que nosotros sepamos por qué actuamos de cierta manera, pero que nos mueve en la vida, ya sea con bloqueos que nos impiden lograr lo que deseamos o con actitudes que en ocasiones nos hacen sentir culpables por actuar de cierta manera.
Precisamente en ésta ultima se encuentra la Inteligencia Emocional, talentos y deficiencias, adicciones y patrones repetitivos, emociones suprimidas, intuición y creatividad, , te ha pasado alguna vez que te sucede algo que no te gusta una y otra vez? o…que no querías decir o hacer algo y es precisamente lo que haces o dices? o … que en alguna ocasión no te explicas por qué actuaste de una manera? … es precisamente porque esta información se encuentra en el inconsciente y es parte de lo que aprendiste en los primeros siete años de tu vida, también está compuesta por la información que traes en tu memoria celular, y en las cosas que te creíste cuando pasaste por una experiencia fuerte… las cosas que nos creimos y que son una realidad en la mente de cada uno.
Hablaba hace unos días con una persona que acababa de perder a su hermana, obviamente estaba muy triste y le pregunté que cómo se sentía, me decía que era un dolor muy grande, muy parecido al que sintió cuando murió su abuelo, veinte años atrás, y al decirme esto se echó a llorar… habían pasado todos esos años y el dolor que esta persona sentía por la pérdida de su abuelo, ahí estaba, guardado en su cuerpo y al volver a vivir una experiencia similar, se asocian los sentimientos de pérdida y el dolor se hace aún más grande.
El dolor es real, un duelo es algo que duele, pero que al no aceptar esa pérdida, es como si se abriera la herida cada vez que se recuerde ese suceso…. eso ya no es dolor, es sufrimiento… perpetuar una situación desagradable por años no es sano, y genera otro tipo de creencias como “todo lo malo me pasa a mi”, “¿por qué me pasan cosas malas ?”, “¿qué he hecho para merecer esto?”,etc. Este tipo de pensamientos crea una realidad en la mente de la persona que para ella es real, pero que para otros no lo es, he aquí la fuerza de un pensamiento.
Un pensamiento genera sentimiento y emoción, y se actúa en consecuencia generando resultados que no siempre son los mejores en la vida de las personas.
Volviendo entonces a esa área desconocida, que es como una caja negra y que tiene tal fuerza que pasamos más del 90% del día en esta área, siendo conscientes de una escaza parte de nuestras vidas, actuamos en automático sin percatarnos por qué nos sentimos tristes o enojados o culpables por nuestros actos o bien culpamos a otros por lo que nos pasa, y así se va la vida sin que podamos salir de este laberinto.
Resulta paradójico que si pasamos la mayor parte del tiempo en esta zona, nadie nos haya enseñado a reconocer las emociones, pasamos años aprendiendo a razonar, desde la primaria hasta maestrías o doctorados, pero carecemos de una educación emocional que nos ayude a conocernos más, a sentirnos bien siendo quienes somos, reconociendo lo que sentimos como tal, sin ocultarlo ni sentirnos mal por sentirlo,
Si tomamos el ejemplo de un bebé, podemos constatar que es libre de sentir y expresar lo que sea, intensifica su emoción cuando algo le molesta y en menos de un minuto ya está como si nada le hubiera pasado, sonriente de nuevo.
¿Podrías imaginar a un bebé reprimiendo el hambre que siente? Todos fuimos así alguna vez, pero al crecer se nos enseñó a reprimir lo que sentíamos, se nos dijo que teníamos sentimientos negativos y que era malo sentirlos, cuando no es verdad, los sentimientos no son buenos ni malos, son una consecuencia de algo que no nos hace sentir bien, y más que investigar qué es , lo ocultamos y así vamos cargando un pesado equipaje.
En el mundo laboral, esa zona invisible no se percibe, son adultos los que ahí se relacionan, y han aprendido a no mostrarse tal como son por temor a ser rechazados, en unos la carga es menor y en otros es demasiado cada día de su existencia. Lo que si puede verse son las reacciones ante una situación, y cuando no son agradables, la persona cada vez se va aislando más o bien la misma organización decide darlo de baja por el mal ambiente laboral que genera esa forma de actuar.
Es por eso que no tratemos de entender por qué las personas actúan de una u otra forma, sino comprender que algo hay que les causa malestar y es la forma en la que han aprendido a defenderse y que desde mi punto de vista, éste debería ser el enfoque de la Responsabilidad Social de las empresas, enfocarse en el bienestar emocional de sus empleados, además de la remuneración económica.

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